María de Betania: la discípula a la que la historia confundió
Cláudio Fajardo de Castro
A menudo, cuando oímos hablar de María de Betania —hermana de Marta y Lázaro—, asociamos su imagen a la de una «mujer de mala vida» que se arrepintió, según lo que transmite una tradición religiosa. Sin embargo, el estudio atento del Evangelio y del contexto histórico revela que esa fama es fruto de un error milenario. Para nosotros, espiritistas, desentrañar este enredo es fundamental para comprender la verdadera identidad de esos Espíritus que convivieron con el Maestro.
1. El equívoco de 1.500 años: el error de Gregorio Magno
La confusión comenzó oficialmente en el año 591 d. C. El papa Gregorio Magno, en su Homilía 33, declaró que la «pecadora anónima» de Lucas 7 —María Magdalena y María de Betania— eran la misma persona.
El objetivo era crear un modelo de «penitente perfecta» para facilitar la predicación moral. Aunque la intención era buena, el resultado fue una confusión sobre la verdadera identidad de María de Betania, que pasó a cargar un estigma que el texto bíblico nunca le atribuyó. No fue hasta 1969 cuando la Iglesia católica corrigió formalmente este error, separando a los personajes.
2. María de Betania: la discípula del estudio y de la luz
A diferencia de la mujer «pecadora», María de Betania se presenta como un alma de gran elevación y madurez.
● «La mejor parte»: en el famoso episodio en el que se sienta a los pies de Jesús (Lucas 10:38-42), ella asume la postura de una discípula. En aquella época, sentarse a los pies de un maestro era un privilegio reservado a los hombres que estudiaban la Ley. Jesús, al defenderla, valida el papel de la mujer en el ámbito del conocimiento espiritual, anticipando en unos milenios lo que ocurre hoy en día.
● Una familia respetada: el relato de la muerte de Lázaro muestra que las autoridades de Jerusalén fueron a consolar a las hermanas. En la rígida sociedad de la época, una mujer de «mala vida» nunca habría tenido ese estatus social ni el respeto de los líderes religiosos de Judea.
3. La «pecadora anónima» de Galilea: otro contexto
El relato de Lucas 7 tiene lugar en Galilea (norte), meses antes de la unción realizada por María en Judea (sur).
● La mujer de Lucas es un alma en profundo sufrimiento, que busca el perdón por una vida de errores;
● María de Betania, por su parte, unge a Jesús en un gesto de gratitud profética, tras la resurrección de su hermano.
Aunque ambos anfitriones se llamaban Simón (un nombre muy común en aquella época), los entornos y las motivaciones espirituales son diferentes. Mientras que uno representa el despertar del arrepentimiento, el otro simboliza la fidelidad y la comprensión profunda.
4. La visión del libro Boa Nova
En la literatura espiritista, esta distinción queda aún más clara. En el libro Boa Nova, el espíritu Humberto de Campos dedica un capítulo a narrar las bellezas de la casa de Betania. Nos muestra un hogar lleno de armonía, donde Jesús encontraba refugio y amistad sincera. El autor espiritual describe a María como un alma sensible que comprendía los matices del Reino de Dios a través de la intuición y el estudio, sin hacer mención alguna a un pasado de «mala vida», y subraya que su trayectoria fue de dedicación al Maestro y al prójimo.
Conclusión: la verdad que libera
Practicar la «fe razonada» es también hacer justicia histórica. María de Betania no buscaba el perdón por una vida de vicios, sino la saciedad de su sed de conocimiento espiritual.
Al separar estas figuras, nos damos cuenta de que el Evangelio acoge a todos: desde el alma que se eleva del abismo del error hasta aquella que, en silencio y meditación, elige la «mejor parte» junto al Maestro.
Que podamos ver a María de Betania tal y como fue en realidad: una de las mentes más brillantes y devotas del círculo íntimo de Jesús.
Estudiar el Evangelio a la luz de la Historia y del Espiritismo es retirar el velo de la letra que mata para encontrar el Espíritu que vivifica.

