El médium como intérprete
Daniel Salomão Silva
El carácter interpretativo del fenómeno mediúmnico es presentado más de una vez por Kardec, quien entiende que nosotros, los encarnados, no recibimos exactamente lo que los Espíritus quieren «decir», sino sus pensamientos con la forma y el sello personal de los médiums que los transmiten. En este artículo, discutimos la hipótesis de que también puede ocurrir lo contrario: que los desencarnados, en algunos casos, perciban lo que se les dice o se les pregunta también a través de cierto «filtro» mediúmnico.
En El libro de los médiums, Kardec pregunta y se le responde:
¿El espíritu comunicante transmite directamente su pensamiento, o este tiene como intermediario al espíritu encarnado en el médium?
El espíritu del médium es el intérprete, porque está conectado al cuerpo que sirve para hablar y porque es necesaria una cadena entre vosotros y los espíritus que se comunican, al igual que se necesita un cable eléctrico para transmitir una noticia a gran distancia, siempre que haya, en el extremo del cable, una persona inteligente que la reciba y la transmita.1
Es decir, hay un proceso de interpretación, por el cual el médium expresa con su vocabulario y conocimientos el pensamiento que el comunicante quiere transmitir, incluso en la mediumnidad mecánica2. En este sentido, afirma además que «los dictados que este [médium] obtiene, aunque procedan de espíritus diferentes, tienen, en cuanto a la forma y el colorido, el sello que le es personal»; que, aunque las ideas aportadas no sean suyas, «por ello el médium no deja de ejercer influencia en cuanto a la forma, por las cualidades y propiedades inherentes a su individualidad3».
Sin embargo, la lectura de un párrafo de una importante obra mediúmnica, psicografiada por Divaldo Franco, nos lleva a plantear la posibilidad de que esto también ocurra en sentido inverso. En Nas fronteiras da loucura (En las fronteras de la locura), al describir los trabajos de una determinada reunión mediúmnica, el Espíritu Manoel Philomeno de Miranda relata la acción conjunta de encarnados y desencarnados ante comunicantes «más difíciles», que exigían al doctrinador mucho amor, pero también cierta acción mental ostensiva4. En algunas comunicaciones, Philomeno informa haber notado que «las inducciones hipnóticas del doctrinador, al estar cargadas de energías emanadas del cerebro físico, se convertían en portadoras de un valor vibratorio más elevado que alcanzaba a los Espíritus, quienes a su vez recibían la onda mental a través del cerebro del intermediario» (énfasis nuestro)5.
Lo que nos llama la atención en este fragmento es que, aunque contaba con el apoyo de los técnicos desencarnados, el doctrinador no se comunicaba directamente con el comunicante, sino a través del médium por medio del cual se expresaba el Espíritu. La «onda mental» pasaba por la «cerebración», o actividad intelectual del «intermediario», para llegar al comunicante. Si entendemos la expresión «inducciones hipnóticas» en sentido amplio como «sugerencias mentales», o incluso en sentido más estricto, como fruto de un proceso hipnótico elaborado6, nos referimos aquí a pensamientos emitidos por el doctrinador.
Como sabemos que los Espíritus se comunican por el pensamiento7, nos parecía natural admitir que todo «discurso» del doctrinador llegara al comunicante directamente, sin intermediarios. Después de todo, Kardec afirma que, «aunque oigan el sonido de nuestra voz, ellos [los espíritus] nos comprenden sin la ayuda de la palabra, solo por la transmisión del pensamiento8». De este modo, si siempre es necesaria la interpretación mediúmnica para que el desencarnado hable con los encarnados, lo contrario sería prescindible. Sin embargo, esta pequeña frase que destacamos anteriormente puede indicar que, al menos en algunos casos, el Espíritu, durante la comunicación, percibe mucho a través del médium al que está «conectado». Quizás, desde el punto de vista espiritual, el médium también sea un intérprete de las orientaciones del doctrinador.
Otra cuestión podría aclararse con esta hipótesis. Aunque ya tenemos explicaciones para el hecho de que los espíritus no siempre se ven entre sí, o incluso no perciben el entorno que los rodea9, estar limitado por las percepciones del médium también puede justificar algunos de sus relatos en las reuniones mediúmnicas. En nuestra experiencia y la de otros compañeros, algunos espíritus comunicantes afirman que solo ven a los encarnados de la reunión mediúmnica, mientras que otros pueden ver al equipo espiritual presente. Algunos son plenamente conscientes de su entorno material y espiritual, mientras que otros no perciben nada. Quizás solo perciben lo que el médium puede percibir, tanto del mundo material como del espiritual.
Sin embargo, como bien explica Kardec, toda la información procedente de los espíritus debe ser recibida inicialmente como una opinión individual hasta que, tras pasar por el filtro de la razón y encontrar concordancia con otros mensajes del mismo contenido, pueda ser considerada un concepto espiritista10. Así como el Codificador trabajó con los mensajes mediúmnicos con los que se enfrentó, así debemos actuar nosotros con los mensajes y obras a los que tenemos acceso. Lo que dará seguridad a la hipótesis que planteamos, así como a la información mediúmnica que citamos, es la multiplicidad de comunicaciones espiritistas en ese sentido. Salvo mejor juicio, esto aún no ha ocurrido.
De cualquier modo, ya encontramos en la Codificación algo que nos parece un refuerzo. Aunque en una situación diferente, los espíritus Erasto y Timoteo afirman, en El libro de los médiums, al tratar el papel del médium en las comunicaciones espiritistas:
Cuando las preguntas nos son formuladas [a nosotros, los Espíritus] por un tercero, conviene que sean comunicadas previamente al médium, para que este se identifique con el Espíritu del evocador y, por así decirlo, se impregne de él, porque entonces nosotros [los Espíritus] tendremos más facilidad para responder, gracias a la afinidad existente entre nuestro periespíritu y el del médium que nos sirve de intérprete.11
Es decir, no basta con que los Espíritus conozcan las preguntas propuestas, sino que estas deben pasar efectivamente por la mente del médium previamente, para que este se «impregne» del «Espíritu del evocador», del que pregunta. Quizás, como se expuso al principio del artículo, esto solo ayude a los comunicantes a encontrar «en el cerebro del médium los elementos apropiados para dar a nuestro [su] pensamiento el ropaje de la palabra que le corresponde»12, ya despertados por la lectura previa de la pregunta. En cualquier caso, se trata de una cierta interpretación o elaboración por parte del médium de la pregunta propuesta.
Según Kardec, en la Doctrina Espiritista, que «no fue dictada en su totalidad», siempre se recomienda el «examen», ya que «se deduce, por el trabajo del hombre, de la observación de los hechos que los Espíritus ponen ante sus ojos y de las instrucciones que le dan, instrucciones que él estudia, comenta y compara, con el fin de sacar él mismo las consecuencias y aplicaciones».13 En este sentido, forma parte del desarrollo espiritista la elaboración de hipótesis, que serán confirmadas o no, tanto por la ciencia como por el propio método que nos dejó el Codificador.
En conclusión:
1. Toda comunicación mediúmnica tiene un cierto grado de interpretación por parte del médium, que no transmite exactamente lo que el Espíritu «dice», sino que aporta su «colorido» al mensaje;
2. En algunos casos, parece que el Espíritu también percibe las palabras y los pensamientos del doctrinador, o incluso el ambiente material y espiritual, a través de la percepción o la elaboración intelectual del médium, que actúa como intérprete también en sentido inverso;
3. Esto destaca la responsabilidad del médium, cuyo enriquecimiento moral, conocimiento espiritista y conocimientos generales ayudan a que los doctores y los Espíritus se hagan más claros entre sí.
4. También destaca nuestro compromiso de comprender y ayudar al médium para que pueda trabajar con seguridad en esta dirección.
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1 KARDEC, Allan. El libro de los médiums. Río de Janeiro: FEB, 2008, 2. p., c. 19, i. 223.
2 Ídem, i. 225.
3 Ídem.
4 FRANCO, Divaldo P. Nas fronteiras da loucura. Por el Espíritu Manoel Ph. Miranda. 11.ª ed., Salvador: LEAL, 2001, p. 160.
5 Ídem.
6 Para profundizar en el tema, sugerimos los textos de Kardec sobre magnetismo, fluidos y sonambulismo, en especial el cap. 14 de La Génesis; también sugerimos toda la obra Mecanismos de la Mediumidad, de André Luiz/Chico Xavier/Waldo Vieira, principalmente los c. 13 y 16.
7 KARDEC, Allan. El libro de los espíritus. Río de Janeiro: FEB, 2010, q. 282.
8 Ídem, q. 257 (cf. q. 249).
9 KARDEC, Allan. El libro de los espíritus. Río de Janeiro: FEB, 2010, q. 247; La génesis. Río de Janeiro: FEB, 2009, c. 14, i. 25, etc.

