La angustiosa búsqueda de novedades

José Fernando


«Todos los atenienses y los extranjeros que allí residían no se ocupaban de otra cosa que de contar o escuchar alguna novedad».
(Hechos de los Apóstoles, 17:21)(Ato dos Apóstolos, 17:21)

En una ocasión, mientras pasábamos un rato en el interior de una librería espiritista, tuvimos la oportunidad de observar el ir y venir de lectores aficionados a los libros doctrinales. En las estanterías, ordenadas con esmero, se exhibían ejemplares de la obra de Kardec y algunos volúmenes de publicaciones más antiguas, conocidas como «clásicos del espiritismo».

Completando el conjunto, se podían ver títulos psicografiados por médiums de referencia en el movimiento espiritista y, destacando em la entrada, una profusión de tomos denominados «mediumnísticos», con cubiertas coloridas y llamativas, con títulos llamativos e instigadores, psicografiados por diversos médiums, poco recomendados en el día a día de las instituciones espiritistas más tradicionales. Al salir del local, una inquietante duda nos atormentaba la mente: ¿por qué los lectores pasaban de largo ante las estanterías de ediciones clásicas y se dirigían, casi automáticamente, a los estantes de las publicaciones contemporáneas, preguntando a los dependientes cuál era la novedad del momento?

Este hecho caló hondo en nuestra memoria, trayéndonos a la mente a autores clásicos como el propio Kardec, además de Gabriel Delanne, Bozzano, Flamarion, Chico Xavier e Yvonne Pereira. Esto nos llevó a plantearnos una segunda pregunta íntima: ¿se habrán informado ya los lectores, ávidos de novedades, de las reflexiones relevantes que figuran en alguna obra clásica de la Doctrina? Nuestra introspección se profundizó aún más y, al reflexionar sobre los grupos de estudio actuales, constatamos que casi no se estudian los compendios de un autor que, lamentablemente, es poco conocido por el asistente novato, a pesar de que resulta de suma importancia para los participantes en el ámbito mediúmnico, sobre todo para aquellos que experimentan la sagrada tarea del diálogo con los desencarnados que sufren. Nos referimos aquí al difunto y prolífico escritor y director de reuniones mediúmnicas Hermínio Corrêa de Miranda.

Sus reuniones, creadas con el objetivo de investigar los fenómenos anímicos y mediúmnicos, utilizaban recursos psicológicos y técnicas de regresión de memoria para sacar a la luz vidas pasadas, tanto del médium como del espíritu que en ese momento se comunicaba.

Hermínio Miranda nació el 5 de enero de 1920 en Volta Redonda y falleció el 8 de julio de 2013 en Río de Janeiro. Hablaba inglés con fluidez y trabajó como contable durante cuatro años en la sede de la Companhia Siderúrgica Nacional (CSN), en la ciudad de Nueva York, lo que le facilitó su labor como traductor de autores como los británicos Charles Dickens y J. W. Rochester, y el estadounidense Luís Javier Rodrigues. Relatoista y cronista galardonado, colaboró con revistas, semanarios y diarios como O Globo y O Jornal, ambos de Río de Janeiro. En 1958, se convirtió al espiritismo y abandonó la literatura de ficción para escribir regularmente en la revista Reformador, de la FEB.

A partir de entonces, se dedicó a la investigación y al estudio en profundidad de la mediumnidad, siendo autor de más de 40 libros, la mayoría de los cuales analizan fenómenos mediúmnicos. Publicaciones como *Diálogo con las sombras*, *Nuestros hijos son espíritus* y *Diversidad de los carismas* ya han superado los 1 500 000 ejemplares impresos, con los derechos de autor cedidos a instituciones filantrópicas.

Con una obra tan extensa, resulta difícil presentar en pocas líneas una síntesis de su fructífera labor. No obstante, a modo de estímulo para el lector, destacamos algunos aspectos curiosos de ciertos temas de sus exhaustivas investigaciones.

Partiendo del libro «Diálogo con las sombras», considerado la «Biblia» del buen dialogador, Hermínio aporta una nueva forma de abordar al espíritu comunicante. En décadas pasadas, se buscaba, básicamente, llevar a la entidad a reflexionar sobre los aspectos religiosos, centrándose en los principios doctrinales evangélicos predominantes en la conversación. Además de este recurso, también se utilizaba el argumento psicológico, conversando con el desencarnado como un psicólogo habla con su paciente en la consulta. A pesar de estar separado del cuerpo, el ser espiritual que necesita evolucionar aún no ha perdido por completo su identidad humana, carnal.

En el libro La memoria y el tiempo, traza una línea de razonamiento que nos lleva a la idea de que el tiempo tal y como lo conocemos no existe, es decir, el ayer, el hoy y el mañana. Todo sería un hecho continuo. Compara la mediumnidad profética con alguien que escala una alta colina y, desde lo alto de ella, ve ante sí lo que permanece oculto para quien camina por el valle. Dicho esto, Miranda deduce que el médium premonitorio tiene la capacidad de ascender psíquicamente a dimensiones muy superiores, vislumbrando paisajes futuros inaccesibles para el común de los mortales y, por consiguiente, deja abierta la hipótesis de que, si el vidente vislumbra el mañana, es porque el futuro ya está ocurriendo.

En otra obra memorable, *Las huellas de Cristo*, volúmenes I y II, Hermínio aborda el fascinante tema de las «simetrías históricas», en el que analiza, con detalle, las fuertes personalidades de Pablo de Tarso y Martín Lutero, el Reformador, sugiriendo que ambos son el mismo Espíritu en dos encarnaciones alternas, y ofreciendo excelentes argumentos que respaldan esta idea para que el lector atento saque sus propias conclusiones.

En el libro *La novicia y el faraón*, fruto de una exhaustiva investigación sobre la reencarnación, el autor describe la trayectoria verídica y conmovedora de la inglesa Dorothy Eady, quien, tras un accidente en la infancia, comenzó a tener recuerdos vívidos del Antiguo Egipto, creyendo ser la reencarnación de una joven sacerdotisa llamada Bentreshit, que vivió en la época del faraón Seti I. En cuanto pudo, Dorothy se trasladó a Egipto, adoptando el nombre de Omm Sety. Gracias a sus amplios conocimientos intuitivos sobre la cultura ancestral egipcia, se convirtió en egiptóloga de profesión, siendo respetada internacionalmente por su precisión a la hora de dirigir excavaciones y descubrir fuentes y estructuras perdidas, basándose, en innumerables ocasiones, en sus «recuerdos del pasado».

Por último, presentamos el libro Diversidad de los carismas. Al igual que la obra Diálogo con las sombras, debería ser el libro de cabecera del médium espiritista en activo, dada la abundancia de relatos sorprendentes sobre la variada gama de manifestaciones anímico-mediúmnicas.

Dirigiendo a personas con una buena formación mediúmnica y un potencial notable, Hermínio Miranda dialogaba con los desencarnados mediante médiums en trances psicofónicos profundos, induciendo tanto a ellos como a los espíritus comunicantes, a través de sugerencias hipnóticas y pases magnéticos, a recuperar antiguos recuerdos de sus existencias anteriores.

Por sí solas, las ediciones citadas bastarían ya para saciar la sed de novedades de algunos lectores; sin embargo, otros títulos como *La dama de la noche*, *Los buscadores de Dios*, *¿Qué es el fenómeno mediúmnico?*, *La hermana del vizir* e *Historias que contaron los espíritus*, son capaces de instruirnos y deleitarnos con hechos y acontecimientos históricos emocionantes, así como con casos increíbles de manifestaciones mediúmnicas instructivas y curiosas.

En estos tiempos acelerados y de ansiosa curiosidad, de teclear frenéticamente en las pantallas de los móviles y los ordenadores, sin criterio ni sentido común, nos corresponde recordar esta hermosa enseñanza de Agustín de Hipona sobre la curiosidad humana:

«Hay personas que desean saber solo por saber, y eso es curiosidad; otras, para alcanzar la fama, y eso es vanidad; otras, para enriquecerse con su saber, y eso es un negocio ruin; otras, para sentirse inspiradas, y eso es prudencia; y otras, para inspirar a los demás, y eso es CARIDAD».

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