Editorial
Estimado lector:
La idea de heroísmo se asocia con grandes hazañas públicas y valentía que captan la atención del mundo. Sin embargo, desde la perspectiva de la Doctrina Espiritista, el verdadero héroe es quien libra la batalla más difícil: el esfuerzo por dominar sus malas tendencias y transformarse.
Lejos de los aplausos, buscando renunciar al orgullo, perdonar sinceramente, tener paciencia ante las adversidades y ayudar a los demás en lo que necesitan, dejan de lado la vanidad y, al superarse a sí mismos, construyen un mundo mejor.
Para el espíritu inmortal, ser un héroe significa mantener una fe inquebrantable en medio de la tormenta y elegir el camino recto, incluso cuando el atajo parezca más fácil.
Es en momentos de dolor, como los que vivimos en nuestra región, que, a través del trabajo anónimo, el héroe actúa sin esperar recompensa. Valiente, transforma las sombras interiores en una luz renovadora que beneficia a todos.
Los invitamos a reflexionar sobre los «héroes de la resistencia moral», quienes, como Francisco de Asís, renuncian a sí mismos cada día y construyen el Reino de Dios en la Tierra.
Sin capas, pero con corazones dispuestos a amar y servir.

