Influencia de los Espiritus en nuestra vida
Carlos Campetti
Los Espíritus conviven con los llamados vivos, moviéndose en los mismos espacios en los que actúan. Pueden, según sus deseos y la afinidad de intereses y gustos, acompañar a las personas en sus actividades y ocupaciones, participando en reuniones, encuentros y otras acciones de su vida cotidiana. Nosotros, los encarnados, estamos rodeados por «una nube de testigos», como afirmó Pablo de Tarso (Hebreos 12:1). Este hecho no depende de la conciencia o la aceptación de su presencia, ni del grado o tipo de mediumnidad de las personas. Tampoco depende de las creencias, ya que, si los espíritus existen, seguirán existiendo, crean las personas en ellos o no.
Desgraciadamente, la mayor parte de la humanidad no tiene una idea clara sobre la realidad espiritual y aún no sabe qué son los espíritus, imaginando sobre ellos muchas cosas alejadas de la realidad. La influencia de las creencias religiosas tradicionales contribuye a cultivar la idea de que, tras la muerte, los espíritus van a lugares predeterminados como el cielo, el infierno, el purgatorio o el sueño eterno, hasta el día del juicio final, y que solo el diablo o los ángeles y santos pueden manifestarse a los «vivos»: el diablo, para convencer a las personas de que hagan el mal y vayan al infierno con él; los santos, para ayudar a las personas con milagros, derogando las Leyes de Dios mediante poderes sobrenaturales. Sin embargo, no es así. La intervención de los espíritus en el mundo material es casi siempre oculta o imperceptible para los sentidos materiales y su acción no tiene nada de sobrenatural, sino que se inscribe perfectamente en el contexto de la Ley Divina.
Algunos ejemplos sencillos pueden ayudar a comprender la relación que los espíritus establecen con los encarnados: provocan, por ejemplo, el encuentro de dos personas que creen haberse encontrado por casualidad; inspiran a alguien la idea de pasar por un lugar determinado en lugar de otro; atraen la atención de alguien hacia una idea o un hecho determinado, de manera que las personas, pensando que obedecen a un impulso propio, conservan su libre albedrío y la responsabilidad de sus actos, ya que siempre pueden decidir de forma diferente a lo que se les inspira.
De esta manera, los Espíritus ejercen influencia sobre los encarnados, ya sea mediante consejos o actuando directamente sobre los acontecimientos de la vida, pero nunca actúan fuera de las Leyes de la Naturaleza.
La intervención de los espíritus presenta efectos que parecen sobrenaturales porque se encuentran en un medio diferente al que habitamos, utilizando procedimientos que la mayoría ignora. Sin embargo, como los elementos que utilizan se encuentran en la naturaleza y las manifestaciones se producen como consecuencia de las leyes naturales, no existe lo sobrenatural ni lo maravilloso. Al encontrarse dentro de los marcos de la naturaleza, los fenómenos espiritistas se han producido en todas las épocas; pero precisamente porque no pudieron ser estudiados por los medios materiales de nuestra ciencia, estos fenómenos permanecieron durante mucho tiempo en el ámbito de lo sobrenatural, de donde el espiritismo vino a rescatarlos.
La proyección del pensamiento a través del fluido cósmico es el medio de comunicación de los Espíritus, ya sea en el contacto mente a mente, ya sea en la producción de efectos más o menos materiales. Así, siendo nosotros también Espíritus, a pesar de nuestra condición de encarnados, nos comunicamos con el plano espiritual a través del pensamiento, en un proceso que es inconsciente para la gran mayoría de las personas.
«Los espíritus ejercen una influencia tan grande sobre nuestros pensamientos y actos que a menudo somos dirigidos por ellos» (El Libro de los Espíritus, pregunta 459). Su influencia depende del grado de afinidad que mantengamos con ellos. A veces esta influencia es tan sutil que no podemos distinguir lo que es nuestro de lo que proviene de ellos. Esto significa que, entre nuestras ideas e imágenes mentales, pueden estar insertadas ideas y deseos de espíritus cuyo origen nos es imperceptible.
Los fenómenos espiritistas consisten en los diferentes modos de manifestación del Alma o del Espíritu, ya sea durante la encarnación, ya sea en estado errático, entre una encarnación y otra. A través de las manifestaciones que produce, el Alma revela su existencia, su supervivencia y su individualidad.
La influencia de los espíritus en los acontecimientos de la vida puede ser buena o mala. Los espíritus superiores solo hacen el bien; los espíritus frívolos y juguetones se complacen en causar contratiempos, que deben entenderse como pruebas para nuestra paciencia; los espíritus imperfectos, incapaces de perdonar cualquier mal que se les haya hecho, continúan después de la desencarnación ejerciendo las venganzas que cultivaban. Esa es la causa de muchas obsesiones tan conocidas en el medio espiritista.
Aprendemos con el espiritismo que, aunque nuestra disposición es un factor sustancial para neutralizar la influencia que los adversarios de los dos planos ejercen sobre nosotros, la intercesión de los benefactores espirituales es indiscutible, real y muy valiosa en la labor de anular las fuerzas desequilibradas y perturbadoras que acechan y amenazan a quienes se proponen crecer espiritualmente.
Los espíritus benefactores buscan inspirarnos para el bien; los espíritus inferiores buscan inducirnos al mal. Los primeros cumplen misiones renovadoras junto a la Humanidad; los segundos influyen en sentido contrario. Al inducir al mal, los espíritus no cumplen ninguna misión, sino que actúan por voluntad propia en perjuicio propio, sin reconocerlo.
Destacamos que la mayoría de los males que nos afectan pueden ser evitados o minimizados por nosotros mismos, dependiendo de la postura que adoptemos ante los acontecimientos de la vida. Fuimos creados por Dios simples e ignorantes y sometidos a pruebas para desarrollarnos. Si somos dóciles, evolucionamos más rápido; si somos rebeldes, nos retrasamos en el proceso de crecimiento espiritual (El Libro de los Espíritus, preguntas 115 y 115 a).
Para que un espíritu bueno o malo tenga influencia e interfiera en los acontecimientos de la vida, es necesario estar previamente en sintonía con él. Dado que las bases del intercambio entre los desencarnados y los encarnados residen en la mente, es imprescindible mantener la vigilancia y la oración para mantener la mente y el corazón en sintonía con el bien y la práctica de la caridad en todas las circunstancias de la vida.
Fuentes:
GELEY, Gustave. El ser subconsciente.
KARDEC, Allan. El libro de los espíritus.
KARDEC, Allan. El libro de los médiums.
PERALVA, Martins. El pensamiento de Emmanuel.
XAVIER, F. C. Roteiro. (Emmanuel).

