Editorial

Vivimos en un eterno hoy, que determina lo que queremos cosechar mañana. Una reflexión de ayer, en la que las experiencias pasadas deben servir como aprendizaje, y no como ancla de culpa, el principio de causa y efecto nos revela que con cada gesto, palabra y pensamiento, sembramos las semillas del futuro que queremos cosechar, que podrá ser más feliz o no, según nuestra propia elección y compromiso.

Relacionado con la Ley de la Libertad, este principio nos muestra que somos los grandes constructores de las aflicciones que experimentamos o los restauradores de nuestra felicidad. Voluntariamente y a través del aprendizaje de múltiples experiencias, podemos moldear nuestros destinos en sintonía con la Ley Divina.

Disciplina, disciplina, disciplina. Esta fue la guía del Espíritu Emmanuel a Chico Xavier, porque sólo un hombre disciplinado puede comprender las leyes que lo gobiernan, controlar sus impulsos, priorizar sus acciones para el bien y redirigir su movimiento hacia la necesaria ascensión espiritual.

¡En esta edición te traemos una invitación a pensar y transformarte!

¡Feliz lectura!

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