Organización y funcionamiento de un centro espiritista presencial (parte 1)



Una mirada desde el punto de vista de la espiritualidad

Emanoel de Castro Antunes Felício

En general, los manuales del Movimiento Espiritista sobre organización y funcionamiento para orientar el trabajo en un centro espiritista abordan, sobre todo, conceptos administrativos, económicos, contables y jurídicos. En este trabajo, buscamos desarrollar un enfoque desde la perspectiva de la espiritualidad en las actividades del centro espiritista. En vista de lo expuesto, hemos elaborado un pequeño esbozo sobre la organización y el funcionamiento del trabajo en el centro espiritista a la luz de las orientaciones proporcionadas y recopiladas en diversas obras espiritistas.

Del centro espiritista

El centro espiritista es de fundamental importancia para la preservación de los postulados espiritistas. Es el punto central y más importante del Movimiento Espiritista, la célula básica de difusión del Espiritismo. El objetivo de la doctrina es el estudio, la difusión y la práctica de sus preceptos. Si la casa espírita no enseña la doctrina espírita, ¿qué otra institución la enseñará? Más allá de esta reflexión, tenemos otro desafío que nos fue planteado por Bezerra de Menezes: «mantener el Espiritismo tal y como fue entregado por los mensajeros divinos a Allan Kardec».

Reflexionemos: los Espíritus fueron los mensajeros, Kardec el codificador. Y nosotros, ¿hemos sido fieles guardianes del mensaje? Si el lema de la doctrina es «fuera de la caridad no hay salvación», el centro espírita también es un lugar de caridad. ¿Acaso no faltan la benevolencia, la indulgencia y el perdón en el mundo y en los hogares espíritas? Pensemos: ¿qué define la posición del espiritista en el mundo? ¿Es la caridad que ha practicado? Si esta afirmación es cierta, entonces el centro espiritista y el mundo son espacios para el ejercicio de la caridad. Esforcémonos por vivirla.

Planificación y organización de una institución espiritista en el mundo espiritual

La espiritualidad tiene un cuidado especial con la construcción de centros espiritistas. En el libro Tramas del destino (cap. 21, p. 196), extraemos el siguiente relato sobre la construcción del Centro Espiritista Francisco Xavier.

«La sociedad espiritista, dedicada al ministerio de la esclarecimiento, de acuerdo con los fines superiores de la Doctrina Kardequiana, no se limita a las paredes de la construcción temporal. Antes de que se consolidaran los planes para la edificación material de esa institución, Natércio, que se encargaba de instruir y guiar a Epifânia, cuyas facultades mediúmnicas debían ponerse totalmente al servicio de la iluminación de las conciencias, proporcionó las primeras directrices sobre las que se basaría la obra, que debía sobrevivir a los hombres y continuar, si por casualidad estos se dispersaban, dominados por la trivialidad peculiar de innumerables criaturas. »

Observemos que la espiritualidad planeó la construcción física del Centro Espírita Francisco Xavier con las especificidades relatadas por el Espíritu Natércio en la obra mencionada. Observamos que Natércio acude a San Francisco Javier —incansable propagador de la fe cristiana en Japón, China e India en el siglo XVI— solicitando a este fiel apóstol de Jesús patrocinio espiritual «para la Casa que se pretendía erigir y cuya finalidad sería la difusión del cristianismo en su pureza primitiva».

«Posteriormente, incluso antes de que se definieran los planes para la construcción material de la Casa, se tomaron medidas con respecto a los contingentes magnéticos del lugar y otras disposiciones especiales. Posteriormente, se erigió el Núcleo, en cuya construcción se tuvo cuidado de velar por la ventilación, el confort sin excesos, preservando la simplicidad y la ausencia total de objetos y adornos que no fueran los muebles y utensilios mínimos indispensables para su funcionamiento… Sin embargo, en los respectivos departamentos reservados a la cámara de pases, el recinto mediúmnico y la sala de exposiciones doctrinales, se instalaron equipos complejos con fines específicos para cada tarea, apropiados en el plano espiritual. »

Observamos en la descripción de Natércio un trabajo minucioso y sofisticado de espiritualidad para el buen funcionamiento de las actividades en el centro espírita. Continuemos analizando esta cuidadosa organización de los trabajadores espirituales del centro espírita.

En sus explicaciones, Natércio nos informa:

«Se solicitó la ayuda de espíritus especializados en la impregnación magnética del ambiente para crear una psicosfera saludable y, posteriormente, se destacaron algunos trabajadores para la labor permanente de preservación y renovación. Asimismo, se instalaron recursos de defensa con el fin de proteger la Casa y a sus asistentes de los ataques nocivos de las hordas de salteadores y vagabundos, así como para seleccionar a aquellos, de este lado, que podrían penetrar en el recinto».

La descripción nos revela todo el cuidado del plano espiritual para que la propuesta de construcción de una casa espiritista se concrete en el mundo.

De la promoción social espírita

La máxima «fuera de la caridad no hay salvación» consagra el principio de la igualdad ante Dios y la libertad de conciencia. El apóstol Pablo, en el capítulo XV, punto 10, de El Evangelio según el Espiritismo, recuerda que todos los que practican la caridad son discípulos de Jesús. La pregunta que surge es la siguiente: ¿qué caridad debemos practicar en la vida? Emmanuel nos recuerda que la caridad material es importante e imprescindible, sin embargo, hay un tipo especial de caridad que debe practicarse en el centro espírita: la caridad de la divulgación de la Doctrina Espírita.

La espiritualidad nos recuerda que la caridad de la iluminación del Espíritu inmortal es prioritaria. Si el estómago vacío no tiene ética, entonces necesitamos saciar el hambre de las criaturas. Ese es el primer punto. Además, necesitamos reflexionar con Kardec sobre nuestro compromiso social. En la pregunta 573 de El Libro de los Espíritus, Kardec pregunta: «¿En qué consiste la misión de los Espíritus encarnados?». La respuesta es: «En instruir a los hombres, en ayudarles a progresar, en mejorar sus instituciones, por medios directos y materiales […]».

Nos damos cuenta de que nuestro servicio al ser humano es prioritario. La pregunta 255 del libro El Consolador dice lo siguiente: «¿Debemos los espiritistas practicar solo la caridad espiritual o también la material?». El benefactor espiritual Emmanuel aclara que el lema fundamental de la Codificación Kardequiana, formulado en la frase «fuera de la caridad no hay salvación», es lo suficientemente expresivo como para que nos perdamos en consideraciones minuciosas. Todo servicio de caridad desinteresada es un refuerzo divino en la obra de la fraternidad humana y la redención universal. Sin embargo, es urgente que los espiritistas sinceros, esclarecidos en el Evangelio, busquen comprender el carácter educativo de los postulados doctrinales, reconociendo que la labor inmediata de los tiempos modernos es la iluminación interior del hombre (énfasis nuestro), mejorando los valores de su corazón y su conciencia.

Emmanuel nos dice que la labor de esclarecimiento de los Espíritus debe ser inmediata. En la obra Paulo e Estevão, Emmanuel refuerza que la labor de iluminación debe ser prioritaria. La historia aborda la cuestión de la atención a los enfermos de la Casa do Caminho.

«Podemos atender a muchos enfermos, ofrecer un lecho de descanso a los más desdichados, pero siempre ha habido y habrá cuerpos enfermos y cansados en la Tierra. En la tarea cristiana, no se puede olvidar ese esfuerzo, pero la iluminación del Espíritu debe estar en primer lugar».

El benefactor destaca que casi todas las obras de caridad material se han «desvirtuado debido al olvido de la iluminación de los espíritus encarnados».

La benefactora Joanna de Ângelis, en Dimensões da Verdade (Dimensiones de la verdad), capítulo 14, destaca que, junto con la asistencia material que podamos brindar, la asistencia moral y espiritual deben tener prioridad. Entendemos que aquí cabe una pregunta de carácter práctico para los dirigentes espiritistas: ¿hay acogida, evangelización, grupos de estudio, diálogo fraternal, charlas doctrinales, atención mediante el pase y promoción espiritual para los asistidos en nuestras casas espiritistas? Manoel Philomeno de Miranda nos recuerda, en la obra Tramas do Destino, que: «evangelizar, instruir, guiar, poner aceite en la lámpara del corazón, para que la claridad del espíritu brille en la noche del sufrimiento, son tareas urgentes y fundamentales en la reconstrucción del cristianismo».

En el ámbito de la casa espiritista, las actividades incompatibles son aquellas que no son coherentes con el Evangelio de Jesús. Divaldo Franco recuerda: «La doctrina es el mensaje consolidado. El centro espiritista somos nosotros, es decir, lo que construimos entre cuatro paredes. La construcción de ladrillos y piedras es transitoria». De hecho, sabemos que todo lo que ven nuestros ojos ya ha muerto o va a morir.

Sobre la mediumnidad

El siguiente relato del libro Directrices de Seguridad, en el capítulo 12, titulado «Prácticas externas», resulta esclarecedor. En su punto 132, se dice lo siguiente: «La educación mediúmnica exige, en primer lugar, el conocimiento a través del estudio de la mediumnidad. A continuación, la educación moral y, como consecuencia, el ejercicio y la vivencia de la conducta cristiana».

En El Evangelio según el Espiritismo, capítulo XXVIII, puntos 8 y 9, se anota para los médiums: «En los últimos tiempos, dice el Señor, derramaré mi Espíritu sobre toda carne; vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes tendrán visiones y vuestros ancianos soñarán. En esos días, derramaré mi Espíritu sobre mis siervos y siervas, y ellos profetizarán (Hechos, 2:17 y 2:18)».

«El Señor quiso que la luz se hiciera para todos los hombres y que la voz de los Espíritus penetrara en todas partes, para que cada uno pudiera obtener la prueba de la inmortalidad». Con este objetivo, los Espíritus se manifiestan hoy en todos los puntos de la Tierra y la mediumnidad se revela en personas de todas las edades y condiciones, tanto en hombres como en mujeres, en niños como en ancianos. Es una de las señales de que han llegado los tiempos predichos.

Para conocer las cosas del mundo visible y descubrir los secretos de la naturaleza material, Dios otorgó al hombre la vista corporal, los sentidos y los instrumentos especiales. Con el telescopio, él sumerge su mirada en las profundidades del espacio, y con el microscopio descubre el mundo de lo infinitamente pequeño. Para penetrar en el mundo invisible, le dio la mediumnidad.

Los médiums son los intérpretes encargados de transmitir a los hombres las enseñanzas de los Espíritus. O mejor dicho, son los órganos materiales de los que se sirven los Espíritus para expresarse a los hombres de forma inteligible. Santa es la misión que desempeñan, ya que tiene como fin abrir los horizontes de la vida eterna.

De las recomendaciones a los trabajadores y asistentes al centro espiritista

En lo que respecta a las orientaciones de Kardec en el capítulo XXIX, punto 341, de El Libro de los Médiums, en cuanto a los trabajadores de la casa espiritista, debemos observar: a) perfecta comunión de puntos de vista y sentimientos; b) cordialidad recíproca entre todos los participantes; c) ausencia de todo sentimiento contrario a la verdadera caridad cristiana; d) un único deseo: el de instruirse y mejorarse a través de las enseñanzas de los Espíritus y el aprovechamiento de sus consejos […]

En el libro Tramas do Destino (Tramas del destino), el admirable Espíritu llamado Natércio planteaba a sus compañeros encarnados la necesidad de vigilar los pensamientos en las instalaciones de un centro espiritista. El benefactor espiritual «enseñaba a los compañeros del plano físico cómo debían comportarse y preservar el recinto de conversaciones frívolas y vulgares, responsables de la sintonía con espíritus ociosos y malévolos, que se insinúan a través de las mentes descuidadas y, no raro, se introducen en los lugares que les están vedados por la perturbación de las defensas, en virtud de las tramas y responsabilidades de los médiums y directores descuidados. Hospital-escuela para los que sufren, el centro espiritista es un templo de recogimiento y oración, donde se establecen y se fijan y por donde transitan las fuerzas de la comunión entre el hombre y Dios».

Natércio nos recuerda nuestra responsabilidad con nuestras emanaciones mentales. El orientador espiritual nos dice lo siguiente: «Las larvas mentales, las ideoplastias perniciosas, las vibraciones deprimentes, las fijaciones disolventes de los asistentes encarnados y de los espíritus desencarnados conspirarían contra la salud psíquica e incluso física de los participantes en las tareas y aprendices del Evangelio, si no fuera por los recursos asépticos y las contribuciones de los mentores, por cuya preservación todos debemos luchar, esforzándonos por mantener o crear un clima espiritual reconfortante, acogedor, pacificador e inspirador, para que todos nos beneficiemos».

Natércio añade lo siguiente sobre la responsabilidad por el ambiente psíquico del recinto del centro espírita: «El centro espírita debe presentar una diferencia psíquica significativa en relación con otros recintos de cualquier naturaleza, atestiguando así la calidad de sus trabajadores espirituales y el tipo de finalidad a la que se destina…».

En la tercera parte del capítulo III del libro Dramas da Obsessão (Dramas de la obsesión), dictado por el Espíritu Bezerra de Menezes y psicografiado por la médium Yvonne do Amaral Pereira, encontramos la siguiente orientación con respecto a los cuidados que se deben tomar en relación con las emanaciones mentales en el interior de una casa espiritista:

«Las vibraciones difundidas por los ambientes de un centro espiritista, por el cuidado de sus guardianes invisibles; los fluidos útiles, necesarios para los variados y delicados trabajos que allí se deben realizar, desde la curación de enfermos hasta la conversión de entidades desencarnadas que sufren, e incluso la oratoria inspirada por los instructores espirituales, son elementos esenciales, incluso indispensables para una serie de exposiciones impulsadas por los obreros de la inmortalidad al servicio de la Tercera Revelación. Estas vibraciones, estos fluidos especializados, muy sutiles y sensibles, deben conservarse inmaculados, conservando intactas las virtudes que les son naturales e indispensables para el desarrollo de los trabajos, porque, de lo contrario, se mezclarán con impurezas perjudiciales para los mismos trabajos, al anular sus profundas posibilidades. Por eso la espiritualidad esclarecida recomienda a los adeptos de la Gran Doctrina el máximo respeto en las asambleas espiritistas, en las que nunca deben penetrar la frivolidad y la inconsecuencia, la maledicencia y la intriga, el mercantilismo y el mundanalismo, el ruido y las actitudes menos serias, ya que estas son manifestaciones inferiores del carácter y la inconsecuencia humana, cuyo magnetismo, para tales asambleas y, por lo tanto, para la asociación que permite tales cosas, atraerá a bandos de entidades hostiles y malhechoras del invisible, que llegarán a influir en los trabajos posteriores, hasta tal punto que podrán adulterarlos o imposibilitarlos, ya que tales ambientes se volverán incompatibles con la espiritualidad iluminada y benéfica.

De la importancia del movimiento unificador

El movimiento unificador es una actividad mediadora. Es en el centro espírita donde se lleva a cabo la actividad final del Espiritismo. El centro espírita que participa en el Movimiento Espírita cuenta con un equipo de trabajadores que pueden ayudarle en la formación continua de trabajadores espíritas voluntarios. La propuesta del Movimiento es poner en contacto a las casas espíritas para que intercambien experiencias.

Como decía el difunto Leopoldo Machado, siempre hombro con hombro, siempre codo con codo, vamos a trabajar con mucha alegría por un espiritismo más cristianizado, por la implantación de la paz y la armonía. La propuesta no es trabajar solos, ni competir, sino cooperar siempre. No en vano Allan Kardec propuso que las casas espiritistas se visitaran unas a otras. La propuesta del Movimiento Espiritista es la cooperación, para construir solidariamente lo que nos gustaría hacer en el trabajo voluntario en la casa espiritista. Estamos seguros de que somos autónomos, que hay libertad y que no hay jerarquías en el Movimiento Espiritista.

En el mensaje 38 del libro Educandário de Luz, el benefactor Emmanuel nos recuerda: «No olvidemos nunca que el mayor genio no puede realizarse solo y que, por eso mismo, Jesús nos trajo a la edificación del Reino de Dios, valorando el principio de la interdependencia y la ley de la cooperación».

Guillon Ribeiro, en el mensaje número 44 del libro Palavra aos Espíritas (Palabra a los espiritistas), enseña: «Entendemos, así, la importancia del movimiento unificador en la Doctrina, cuyas instituciones más experimentadas orientarán el crecimiento equilibrado de nuevos núcleos, aún necesitados de previsión y seguridad».

Además, el Espíritu de Vianna de Carvalho, en el libro Actualidad del Pensamiento Espiritista (pregunta 206), nos recuerda: «Las casas espiritistas mejor orientadas, más sólidas doctrinalmente, tendrán más razones para evitar convertirse en superiores a las demás, enseñando antes con el ejemplo y transformándose en una verdadera escuela de Doctrina Espiritista, o en una casa piloto, que sirva de modelo para otras que aún se encuentran en sus inicios y necesitan orientación».

Del público objetivo

Guillon Ribeiro recuerda en el mensaje citado anteriormente que «el centro espiritista será, ante todo, un establecimiento educativo para los encarnados, ya que el plano espiritual no se abstiene de organizar el ambiente adecuado para el amparo de los desencarnados».

De las obligaciones ante la legislación

«Atentos, pues, a la organización jurídico-social de nuestras instituciones —sin descuidar las cargas económicas que impone el día a día—, observemos, con especial énfasis, su adecuación física con vistas al funcionamiento ideal de los núcleos doctrinales vigilantes, sabiendo que el centro espiritista, aún sencillo y pequeño, exigirá de cada uno de nosotros dignidad de convicción y fe, así como disciplina y elevación en el sublime sacerdocio que nos corresponde en el santuario de nuestra renovación espiritual».

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