Sacudido y derribado



Orson Peter Carrara

a curiosa expresión que utilizo como título recuerda los movimientos bruscos e inesperados, producto de descargas eléctricas, derrumbes, rupturas varias, temblores de tierra, rayos que caen sobre personas, edificios o árboles. También recuerda a las inundaciones que asolan las ciudades y a los accidentes de vehículos, que pueden causar la muerte o no, con consecuencias que se pierden en el infinito y varían en intensidad según las circunstancias. Ruidos y golpes, de forma ordenada o desordenada, objetos movidos o mantenidos en suspensión, en un verdadero caos y desafiando la observación más atenta, también recuerdan la expresión anterior.

Ahora imagine un movimiento que, sin conocer su origen, muestre velocidad o lentitud, agresividad o dulzura y, en cierto modo, manifieste cierto grado de inteligencia. Lo que, ante una pregunta, responda mediante códigos combinados por el número de golpes en el suelo, por ejemplo, para contestar «sí» o «no». Códigos que han evolucionado hasta convertirse en diálogos, aunque lentos y agotadores.

Esto causó perplejidad en la época y llevó a un gran investigador a descartar toda hipótesis que pudiera explicar el origen de estos hechos, sometiéndolos a rigurosa observación y experimentación. Era la época de las llamadas «mesas giratorias», mecanismo utilizado por los espíritus para demostrar que no son más que hombres y mujeres después de la muerte del cuerpo, que habitan en el mundo de los espíritus y son capaces de entrar en contacto con los que habitan en la vida material.

A partir de esta llamada de atención a la humanidad, un pedagogo de renombre llevó a cabo una seria investigación observacional, utilizando un método riguroso, que dio como resultado la confirmación de la existencia de vida después de la muerte, ya que los propios protagonistas de estos fenómenos revelaron la condición en la que vivían, dónde se encontraban y, sobre todo, demostraron la inmortalidad del alma.

El resultado fue El Libro de los Espíritus, que dio origen a las demás obras de la Codificación Espírita. El pedagogo adoptó el seudónimo de Allan Kardec para publicar las obras, y la historia se amplió considerablemente, con desarrollos bien conocidos. Puede conocer más sobre esta narración con razonamientos claros y detallados en los puntos III a V de la Introducción del libro, seguidos del punto VI, que presenta los principales puntos de la doctrina presentada por los Espíritus.

Todavia, los objetos – por supuesto – no tenían vida propia ni razonamiento. El movimiento que hacían era provocado por inteligencias invisibles al ojo humano, pero reales. Para ello se utilizan recursos que también conocerás estudiando la Codificación.

Los fenómenos inducidos, como los mencionados, pueden comprenderse mejor en El libro de los médiums, el segundo de la serie Kardec. Los fenómenos de los objetos móviles y otros, como la psicografía, la psicofonía y la clarividencia, también se explican en este mismo libro, en un universo que se abre a la investigación, incluyendo la curación, la visión a distancia, las apariciones o materializaciones de quienes habitan la vida inmortal y actúan constantemente sobre el llamado «mundo de los vivos».

El tema no se agota aquí. La literatura espiritista es vasta y le espera para ampliar sus conocimientos.

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